Sobre la Medicina Alternativa que Representa la Agricultura Biodinámica

Déjenme hablarles de un tipo, un hombre llamado Rudolf Steiner, un austriaco (aunque nació en Croacia en la época en la que esta era Austria). Este tipo se educó en el Instituto de Tecnología de Viena. También vivió en Alemania y Suiza. Empezó su vida siendo editor científico de una edición de las obras de Goethe; y fue escritor (además de conferenciante) sobre temas sobre filosofía y espiritualidad. Sus conferencias incluyeron algunos temas científicos tratados desde un punto de vista “espiritual”.

Es uno de los seres más importantes en el tema de la antroposofía (una filosofía que intenta cerrar la brecha entre ciencia, arte y religión, que dice que las personas reencarnan en un ciclo de 500 años).

Para resumir, él era un tipo de erudito pseudocientífico, que trabajaba en los campos de la educación, la medicina y la agricultura.

Es conocido principalmente no solo por la antroposofía, sino también por la creación de la “Agricultura biodinámica”. Empezó en el año 1924, y si bien no la creó exactamente él, es cierto que los primeros ejemplares de Agricultura Biodinámica sí se inspiraron en él. La Agricultura Biodinámica (a la que llamaré AB a partir de ahora) todavía se practica (principalmente en Alemania), pero es mucho menos común que lo que es hoy en día la Agricultura Orgánica Moderna.

La AB evita el uso de productos químicos sintéticos, y considera que la agricultura es un proceso holístico que integra la fertilidad del suelo, el crecimiento de las plantas y el cuidado del ganado. Además de las prácticas agrícolas orgánicas ahora estándar (rotación de cultivos, policultivo/cultivos intercalados, cultivos de cobertura, minimiazación de labranza, uso de estiércol y compost, métodos de evitación de pesticidas), la AB también incluye aspectos espirituales o místicos, incluyendo magia blanca, astrología, alquimia, homeopatía, menhires o “energía cósmica y campos radiantes a través de geo-acupuntura), “ceniza de plagas” (quema de plagas ofensivas y dispersión de cenizas), y “pruebas sensibles” (“prácticas e formación de imágenes llamadas biocristalización, dinamólisis capilar, morfocromatografía, sensible cristalización y el método Steigblid”).

Hay muchos sitios web (no científicos, por supuesto) y escritos sobre AB, y Rudolf Steiner y la escuela de pensamiento que se dearrolló (antroposofía). Hay menos artículos arbitrados sobre AB, y una revisión por Reganold (1995) encontró que muchos de estos eran de calidad científica cuestionable.

Rudolf Steiner (1861-1925) fue un intelectual, con intereses en muchas áreas académicas (cosa de la cual no cabe duda); su fuerte, no obstante, era la filosofía y su tema de tesis doctoral fue la teoría del conocimiento de Fichte. La intención de su serie de conferencias agrículas era instruir a los agricultores sobre “cómo influir en la vida orgánica en la tierra a través de fuerzas cósmicas y terrestres”. Esta distinción es importante porque la AB, como se concibió en principio, consistía principalmente en preparar (y utilizar, claro está), ocho “preparaciones” biodinámicas qe “estimularían procesos de vitalización y armonización en el suelo”.

Las instrucciones para preparar los ocho compuestos bidinámicos son complicadas y se pueden encontrar en un gran número de sitios web y en la literatura popular. En resumen, dos de los compuestos se preparan al embalar el estiércol de vaca, o sílice en cuernos de vaca, luego enterrados durante varios meses antes de que el contenido se arremolina en agua tibia y luego se aplica al campo. Los cuernos de vaca se usan como antenas para recibir y enfocar fuerzas cósmicas, que se transfieren a los materiales internos. Los otros seis compuestos son extractos de varias plantas, ya sea empacados en los cráneos o órganos de los animales (es decir, vejigas de venado, peritonea de vaca e intestinos) o en la turba o el estiércol, donde están envejecido antes de ser diluido y aplicado al compost. Los elementos químicos contenidos en estos preparados se decía que eran portadores de “fuerzas terrestres y cósmicas” e impartían estas fuerzas a los cultivos y, por lo tanto, a los humanos que los consumen.

Estos procesos no se desarrollaron a través de una metodología científica, sino a través del propio Steiner, y su autodescrita meditación y clarividencia. De hecho, Steiner declaró que estos determinaron espiritualísticamente los métodos no necesitaban ser confirmados mediante pruebas científicas tradicionales, sino que eran “verdaderos” y corregirse “a sí mismos”. El rechazo de la objetividad científica a favor de un enfoque subjetivo y místico significa que muchas de las recomendaciones biodinámicas de Steiner no pueden ser probadas y validadas por métodos tradicionales. En términos prácticos, esto significa que cualquier efecto atribuido a preparaciones biodinámicas es una cuestión de creencia, no de un hecho.

Otras prácticas no científicas se convirtieron en parte del movimiento biodinámico post-Steiner. Éstas incluyen el uso de ritmos cósmicos para programar diversas actividades agrícolas y “visualización” de la calidad nutricional. Esta última práctica utiliza análisis químicos legítimos, como la cromatografía, como formas de estudiar el “etérico” fuerzas de la vida en las plantas a través de la cristalización sensible” y la “dinamólisis capilar” (técnicas que son, de nuevo, no científicamente comprobables).

Pero hay algo que jodió bastante la discusión sobre la biodinámica todavía más, y es la incorporación de prácticas orgánicas en las ideas originales del señor Steiner. Muchas de estas prácticas (como la preparación del suelo sin labranza, uso del compost, el policultivo…, etc) son métodos alternativos efectivos de agricultura. Estas prácticas demostraron efectos positivos sobre la estructura del suelo, la flora y la fauna del suelo, además de la supresión de la enfermedad, (ya que añaden materia orgánica), y disminuyen la compactación.

Combina prácticas orgánicas beneficiosas con el misticismo de la biodinámica, y estas dos últimas cosas, huelga decir, son un patino en el ámbito científico, y carecen de la veracidad científica que no se merecen. Muchos de los artículos de investigación que comparan la biodinámica con la agricultura convencional no separan las preparaciones biodinámicas de prácticas orgánicas y, obviamente, obtienen resultados positivos por las razones mencionadas anteriormente.

Sin embargo, cuando los investigadores compararon granjas biodinámicas, convencionales y orgánicas (otra vez, donde “biodinámico” incorpora prácticas orgánicas), en general no hay diferencia entre la biodinámica y las granjas orgánicas (ambas con diferencias de las granjas convencionales). Sería un interesante experimento el comparar granjas convencionales con preparaciones biodinámicas sin las prácticas orgánicas, para ver si existe alguna diferencia.

(Spoiler: Las granjas convencionales tendrán una mejor producción).

Debido a la delgadez de la literatura científica, y la falta de datos claros que respalden la biodinámica y sus preparaciones, muchos aconsejan suspender el uso del término “biodinámico” al referirse a la agricultura. Supongo que muchos académicos, tanto teóricos como aplicados, no tienen idea de dónde estás raíces de la mentira de la agricultura biodinámica: El hecho de que “biodinámico” se usa de manera indiferente con “orgánico” (por lo menos en la mayoría de los casos). Y la literatura científica parece apoyar esta conclusión. Para mí (y para muchos científicos agrícolas), el uso del término “agricultura biodinámica” es una bandera roja que automáticamente cuestiona la validez de cualquier otra cosa que se esté discutiendo.

La responsabilidad recae en la academia para mantener la pseudociencia fuera de prácticas científicas legítimas. Como Robert Beyfuss (del NY Cooperative Extension) o Marvin Pritts (de la Universidad de Cornell) afirman:

“Este es el tipo de mala ciencia que creó una hostilidad entre la comunidad científica y muchos defensores de la jardinería biodinámica”

Con bastante frecuencia, los científicos tratan de no abordar los problemas asociados con la pseudociencia (es algo así como ese hermano o primo que se metió muchas drogas y del que no quieres saber nada o darle ni los buenos días). Aquellos científicos que son a su vez pseudocientíficos son frecuentemente atacados y ridiculizados, cambiando así el foco del problema (la pseudociencia) a un nivel personal.

Parte de esto es una cultura del cambio; Alan Alda es citado en estos casos, afirmando que:

“Estamos en una cultura que sostiene que la ciencia es sólo una creencia”

Pero más importante aún, cuando la investigación publicada no se lleva a cabo con un estándar aceptable de rigor y cuando la ciencia basura no se cuestiona, la pseudociencia se aproxima a la legetimidad en el ojo público. Y eso es algo que se debe evitar a toda costa.

Resumen

Todo esto se puede resumir en 5 puntos.

  1. La agricultura biodinámica originalmente consistía (y consiste) en una forma alternativa y mística (y por lo tanto, anti-científica) de agricultura.
  2. La reciente adición de la metodología orgánica a la biodinámica resultó en una confusa mezcla de prácticas objetivas con creencias subjetivas.
  3. Las pruebas científicas de la agricultura biodinámica y sus preparaciones son limitadas y no existe evidencia de que la adición de estas preparaciones mejoren la calidad de las plantas o el suelo en paisajes gestionados orgánicamente.
  4. Muchas prácticas orgánicas son comprobables científicamente y pueden resultar en una mejor salud del suelo y los parámetros de este (o incluso de la planta misma).
  5. El mundo académico necesita darle una dirección a la explosión (no precisamente reciente) de ideas y creencias pseudocientíficas y ayudar a los no-académicos a discernir y diferenciar entre ambas.

Para saber más…

  • Kirchmann, H. 1994. Biological dynamic farming – an occult form of alternative agriculture?. Journal of Agricultural and Enviromental Ethics 7: 173-187.
  • Reganold, J. 1995. Soil quality and profitability of biodynamics and conventional farming systems: A review. American Journal of Alternative Agriculture 10:36-45.
  • Scott, Chalker. Horticultural Myths. Washington State University.
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