Ufología, Vete a Casa, Estás Borracho

Han pasado más de 70 años desde que empezó todo esto de los OVNIs. Toda la fiebre ufológica viene existiendo desde los años 40, y por lo visto, pasó de ser algo digno de un loco en una casucha en Nuevo México con un perro roñoso, a ser digno de científicos reales (o no tan reales). No quiero sonar viejo, pero en mis tiempos, existía el término platillo volador para referirnos a esas cosas misteriosas que todos pensábamos que eran extraterrestres. Ahora ese término (muy sensacionalista, he de añadir), pasó a ser Objeto Volador No Identificado, u OVNI. Un término que, si bien es más semánticamente neutro, hace que suene mucho más serio de lo que realmente es.

Y dios… Lo que me dejó patidifuso (aunque hoy día casi me da igual), es que haya un estudio de los informes y avistamientos de OVNIs (porque los OVNIs mismos no pueden ser estudiados por motivos obvios) llamado ufología.

Y da algo de risa, porque el término ufología parece que se podría usar para referirse a una ciencia verdadera, aunque (por suerte) la ufología no fue aceptada como ciencia verdadera… Pero, ¿podría? ¿Podría la ufología considerarse ciencia auténtica, verdadera ciencia, empírica y palpable? ¿O es simplemente el resultado de unos locos que quieren hacer pasar su locura como ciencia? En caso de ser esto último, no sería la primera vez que pasa… Pero, ¿cómo podemos descubrir cuál es la opción correcta? Simple; viendo el resultado y lo que ha producido. En dicho caso, huelga preguntar: ¿Qué ha hecho la ufología? ¿Qué aportó a la ciencia? ¿Qué ha producido?

La conocida por los conspiranóicos y anti-científicos como “ciencia tradicional” rechazó en prácticamente todos los casos la ufología. Y es gracioso que no se culpen a sí mismos, considerando que quizás simplemente no tienen evidencia empírica real para sostener sus afirmaciones, sino que por huevos debe ser culpa de la ciencia tradicional, la cual sólo rechaza la ufología como una reacción o reflejo ante cualquier idea nueva y/o poco convencional. De hecho, muchos ufólogos se regalan a sí mismos, con anécdotas sobre Galileo, Giordano Bruno, Louis Pasteur y Charles Darwin, y afirman que el rechazo actual de la ufología es resultado de ser algo novedoso, y que su rechazo es sólo una canonización de su campo como futura ciencia.

“¿Cuánto de la herejía de ayes es ciencia de hoy?” diría el ufólogo bienqueda. Pero a esta pregunta, la respuesta es, de hecho, muy poco. La mayor parte de las herejías “científicas” se quedaron en la basura. Bueno, en la basura o en nuestros libros de historia. Actualmente, los “galileos” de hoy en día no tienen ni siquiera en cuenta a los ufólogos. La ufología debería tener algún mérito, más hoy en día, más que el simple rechazo de las verdaderas ciencias empíricas contemporáneas. Quiero decir, pasó más de medio siglo desde que aparecían los primeros OVNIs, la ciencia pasó por varios cambios durante muchos tiempo, varias generaciones, hubieron revoluciones durante toda su existencia (y de hecho la ciencia inició mediante revoluciones), con escalas cósmicas y macroscópicas, que pasaron a ser microscópicas y subatómicas…

Curiosamente, la… Sospecha, digamos, que tiene la ciencia tradicionalmente establecida sobre la ufología, tiene que ver mayormente con las características de la propia ufología. De hecho, varios sentimientos negativos se han sucitado debido a la cantidad enorme de locura surgida (o quizás simplemente asociada) de los platillos voladores (a pesar de los esfuerzos de algunos ufólogos serios), y con el paso del tiempo fueron sucediendo varias críticas a los fundamentos pertenecientes a la ufología. Y, vaya sorpresa… Los ufólogos por lo general no dan (ni intentan dar) respuesta a ninguna de las objeciones, quejas o reclamos dadas no por un científico, sino por cualquier escéptico. De hecho, este es un conocido obstáculo para que la ufología sea considerada una ciencia verdadera.

Las críticas son por demás conocidas: La ufología nunca se basa en ninguna de las reglas o márgenes del pensamiento crítico o el método científico, dando lugar a exenciones especiales (conocido más comúnmente como alegato especial), sobre todo en lo que a verificación de datos, de demostración de teorías y de onus probandi se refiere. Los ufólogos defienden la existencia de cierto estímulo extraordinario detrás de una pequeña fracción de las decenas de miles de informes archivados. La piedra angular de la supuesta prueba es la observación indiscutible de que un pequeño residuo de tales avistamientos no puede explicarse actualmente como fenómenos vulgares, aunque raros. Sin embargo, esta pretensión no es en absoluto válida: No es lógico basar una afirmación (“los OVNIs verdaderos existen”) en una negación hipotética (“no importa el esfuerzo que se haga, algunos informes de OVNIs no pueden explicarse”).

Esta última falacia se conoce como falacia del residuo, y fue descrita por los filósofos y científicos en numerosas ocasiones en el pasado, al parecer sin ningún efecto en los ufólogos. En un artículo publicado por la revista Science en 1969, Hudson Hoagland la explicaba del siguiente modo:

“La dificultad básica inherente a cualquier investigación sobre fenómenos tales como… Los OVNIs es que es imposible para la ciencia probar una negación universal. Siempre habrán casos que permanecerán inexplicados por falta de datos, falta de repetibilidad, información falsa, ilusiones, observadores engañosos, rumores, mentiras y fraudes. Un residuo de casos inexplicados no es una justificación para continuar una investigación, después de que pruebas abrumadoras hayan definido como hipótesis de la supernormalidad, por ejemplo, seres del espacio exterior… Los casos inexplicados son simplemente inexplicados. No pueden constituir nunca prueba de ninguna hipótesis”.

No es preciso evocar testigos ciegos, bebidos o deshonestos para poner en duda los infromes sobre OVNIs. La gran mayoría de los testigos, por lo visto, es gente honesta, sobria e inteligente enfrentada a una percepción extraordinaria. Sin embargo, hay, increíblemente, muchas maneras obvias y sutiles en que tales percepciones pueden ser comprensiblemente generadas. Y tiene forzosamente que quedar un residuo de casos inexplicados, un residuo inmaculadamente creado por coincidencias extrañas, por limitaciones en la percepción y en la memoria humanas, o por raros acontecimientos naturales sin documentar. Otras causas de avistamientos inexplicados podrían ser las actividades humanas que nunca se hacen públicas debido a la seguridad militar, a la ilegalidad de las mismas o a la simple ignorancia por parte de los agentes humanos que han realizado la actividad de que han causado tal conmoción. Ese residuo nunca se solucionará, y no se necesita recurrir a ningún estímulo extraordinario.

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